La narcolepsia es un trastorno del sueño que afecta a cerca del 1% de la población mundial y está caracterizado por padecer sucesivos ataques de sueño o un deseo irrefrenable por dormir. La cataplexia, asociada a este trastorno, tiene la misma consecuencia que la narcolepsia pero con un motivo distinto: las emociones fuertes como la risa o el llanto provocan una pérdida repentina del tono muscular que pueden ir desde algo tan liviano como la caída de los párpados al colapso total del organismo en el que el individuo cae al suelo repentinamente; como si los músculos se desconectaran sin previo aviso.
Se trata de un problema neurológico para el que no existe cura pero que puede controlarse mediante medicamentos específicos y la modificación de los factores desencadenantes potenciales (como las carcajadas o un enfado).
Esta pérdida repentina del control muscular que, por lo general sucede en ambos lados del cuerpo, tiene un desencadenante muy frecuente: la risa, aunque también pueden provocarlo simplemente la sorpresa, el estrés, lafelicidad o cualquier cambio en el estado emocional como la ira.
El ataque de cataplexia puede durar desde unos pocos segundos a varios minutos y la media suelen ser varios ataques a la semana; sin embargo, existen casos de personas que sufren varios cada día.
A pesar de que suele asociarse a la narcolepsia, también puede tener su origen en otras enfermedades raras como la enfermedad de Niemann-Pick de tipo C, el síndrome de Prader-Willi y la enfermedad de Wilson.
Según los expertos, la cataplexia sucede a raíz de una disociación del sueño REM -cuando los músculos están en reposo- en horas de vigilia. Una pérdida de hipocretina, un neurotransmisor implicado en la regulación del ciclo sueño / vigilia es, al parecer, el responsable o mayor impulsor de este trastorno.
La enfermedad de Alzheimer afecta a 36 millones de personas en todo el mundo –se estima que cada siete segundos se diagnostica un nuevo caso–. Su prevalencia se duplica cada cinco años tras haber cumplido los 60. La pérdida de memoria y las alteraciones cognitivas y comportamentales condicionan la dependencia y calidad de vida de los pacientes ocasionando, en última instancia, la muerte por causas indirectas.Aunque posee un fuerte componente genético, ¿podemos cambiar algo en nuestra vida cotidiana para prevenirlo o ralentizarlo? La respuesta es sí. Está demostrado que ser físicamente activo ralentiza e incluso corrige la evolución de muchas alteraciones cerebrales ocurridas en la enfermedad y sus consecuencias cognitivas y comportamentales.
El tratamiento farmacológico está encaminado a frenar la evolución de algunos de sus síntomas aunque, desafortunadamente, no reducen ni mucho menos revierten de forma sustancial las alteraciones cognitivas ocasionadas. Por ello, en la actualidad se impulsan terapias alternativas como la psicoterapia, la terapia cognitiva y el ejercicio físico, que han demostrado su potencial atenuando su fisiopatología y, en consecuencia, reduciendo la sintomatología.
Hace más de 2.000 años el poeta latino Juvenal ya señalaba la relación entre la salud física y la salud mental a través de su máxima “Mens sana in corpore sano”. Si bien no le faltaba razón, en la actualidad matizamos que hacerejercicio físico de forma regular –150 minutos a la semana de ejercicio de intensidad moderada-intensa según la Organización Mundial de la Salud (OMS)– mejora la estructura y funcionamiento de nuestro cerebro a través de diversos mecanismos biológicos que cada vez vamos comprendiendo más.
Beneficios para el cerebro
Hace escasas décadas se pensaba que todo beneficio producido por el ejercicio físico a nivel cerebral estaba regulado por fenómenos psicológicos –efectos ansiolíticos y antidepresivos, euforia, placer– y sociológicos –las interacciones sociales y el enriquecimiento ambiental han demostrado beneficios sobre el cerebro–. A día de hoy sabemos que el ejercicio físico modula orgánica y estructuralmente el tejido cerebral a través de diversos mecanismos biológicos como el incremento del número de células nerviosas (neurogénesis) en regiones críticas para esta enfermedad como el hipocampo, aumentando la densidad de sus conexiones (plasticidad sináptica), mejorando el flujo sanguíneo cerebral, el metabolismo, reduciendo el daño oxidativo, así como mejorando la degradación de productos de desecho tóxicos como la proteína β-amiloide o los residuos ocasionados por la muerte de las neuronas.
Las investigaciones que estudian las mejoras cerebrales producidas por el ejercicio han sido desarrolladas fundamentalmente en modelos animales y, en menor medida, aunque digno de mención dadas las evidentes dificultades éticas y técnicas, en humanos. En estos estudios se ha demostrado que para que una acción muscular tenga consecuencias a nivel cerebral deben activarse diferentes señales que incluyen hormonas, neurotransmisores, defensas antioxidantes y factores neurotróficos, como el Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que media en la supervivencia, reparación y proliferación de las neuronas y cuyo déficit se ha relacionado con un mayor riesgo de padecer una enfermedad neurodegenerativa.
El estilo de vida influye
Recientemente hemos publicado un estudio de meta-análisis en la revistaMayo Clinic Proceedings en el cual analizamos el riesgo de padecer Alzheimer en base a la actividad física realizada en los añosprevios en 23.345 personas de entre 70 y 80 años. En el estudio demostramos que aquellas personas que habían sido físicamente activas, según las recomendaciones de la OMS, durante aproximadamente los 5 años previos, tuvieron una posibilidad de desarrollar alzhéimer un 40% menor en comparación con las personassedentarias.
Hoy sabemos que muchas de las regiones cerebrales y funciones afectadas en la enfermedad de Alzheimer son susceptibles de mejorar estructural y funcionalmente gracias al ejercicio físico regular. Aunque el riesgo de padecer esta demencia posee un fuerte componente genético, el alzhéimer también puede ser modulado por factores modificables como el estilo de vida. En la actualidad pocas intervenciones, por no decir ninguna, producen efectos tan pleiotrópicos (que afectan a múltiples características) y coadyuvantes (que contribuyen de forma complementaria a producir un efecto, por ejemplo, de un fármaco) sobre la evolución de la enfermedad de Alzheimer.
Helios Pareja y Alejandro Lucía son investigadores de la Universidad Europea. Su grupo de investigación se dedica a entender los mecanismos biológicos por los que el ejercicio ayuda a prevenir (e incluso a tratar) numerosas enfermedades. Este artículo ha sido escrito en colaboración con el Departamento de Comunicación de la Universidad Europea.
Además, la localización del páncreas, que se halla en lo más profundo del abdomen, dificulta que la quimioterapia alcance su objetivo. Para ayudar a vencer ese obstáculo, investigadores del MIT y el Hospital General de Massachusetts han desarrollado un pequeño dispositivo implantable que libera las sustancias curativas directamente en el tumor.El cáncer de páncreas es uno de los más temidos, y con razón. No es un tumormuy frecuente (unos 6.500 casos anuales en España, frente a los 25.000 del de mama o pulmón), pero sí de los más letales, sobre todo por la dificultad de su diagnóstico, que hace que en la mayoría de los casos se detecte en fases tardías. Tiene una mortalidad del 95 % cinco años después de la diagnosis, la supervivencia media no supera los 6 meses y solo uno de cada cuatro afectados pasa del año de vida.
En un ensayo con ratones, los científicos encontraron que este tratamiento era 12 veces más efectivo que aplicar la quimioterapia a través de inyecciones intravenosas, que es el método más común para atacar esta enfermedad.
El objetivo es que este sistema reduzca el tamaño del tumor hasta que sea posible que los cirujanos lo extirpen con éxito.
Los investigadores han creado un polímero flexible a partir de un polímero llamado PLGA. El resultado es una finísima película que puede enrollarse e introducirse en un estrecho tubo que se inserta en un catéter. Una vez que la película alcanza el páncreas, se despliega, se adapta a la forma del tumor y va liberando de forma programada los medicamentos que contiene. El material se ha diseñado de forma que solo secreta las sustancias por el lado que se halla en contacto con el tumor, lo que minimiza los efectos secundarios en los órganos cercanos.
Funciona con roedores
Las pruebas con ratones a los que se provocó un cáncer de páncreas mostraron que los tumores de los que recibían este novedoso tratamiento crecían más despacio que los de los roedores a los que se administrabaquimioterapia por vía intravenosa. Además, este "ataque focalizado" aumentaba la cantidad de tejido necrótico (células tumorales muertas fáciles de extraer quirúrgicamente), y la película actuaba como una barrera física que reducía la metástasis a órganos cercanos.
Esta investigación abre nuevas vías en la lucha contra el mortífero cáncer de páncreas, muy resistente a la quimioterapia, dadas sus características. Las inyecciones fracasan por tres motivos: la profundidad a la que se encuentra este órgano en el cuerpo, la escasez de vasos sanguíneos en los tumores pancreáticos (lo que dificulta a los medicamentos el acceso a su interior) y la existencia de una gruesa capa de tejido fibroso que suele rodear y proteger al foco canceroso.
Foto (Bryce Vickmark): El polímero flexible desarrollado por los investigadores se enrolla e introduce en un catéter. Cuando llega al páncreas, se despliega, se adapta a la forma del tumor y va liberando el medicamento que contiene.
La dopamina es un transmisor en el cerebro crucial para el movimiento, el pensamiento y la memoria; aunque, sobre todo, la conocemos como la “hormona del placer”. Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Centro Médico de la Universidad de Columbia en Nueva York (EE.UU.) ha revelado que el consumo de marihuana podría comprometer el sistema de la dopamina.
Estudios anteriores habían descubierto que drogas consideradas más “contundentes” como la heroína y la cocaína disminuyen la liberación de dopamina; pero, hasta ahora, nunca se había asociado esta consecuencia a la marihuana.
La mayoría de las adicciones a las drogas acaban embotando la liberación de dopamina durante la fase de mayor dependencia. Partiendo de esta base, los investigadores querían averiguar si la marihuana estaba vinculada a efectos similares a estos. Para ello, contaron con la participación de 11 adultos de entre 21 y 40 años, grandes consumidores de marihuana (fumaban marihuana a diario), y también con 12 adultos que no consumían ningún tipo de sustancia.
Los expertos utilizaron la técnica de tomografía por emisión de positrones(PET) para realizar un seguimiento de una molécula que se une a los receptores de dopamina en el cerebro con objeto de medir la liberación de este neurotransmisor en el cuerpo estriado del cerebro, así como en otras regiones como el tálamo, el mesencéfalo o el globo pálido.
Durante la semana que duró el experimento, los participantes no pudieron consumir marihuana, para evitar que las imágenes midieran los efectos de esta sustancia. Los resultados mostraron que, en comparación con el grupo de control, el cuerpo estriado de los voluntarios que tomaban marihuana tenía un nivel inferior de liberación de dopamina; lo mismo sucedía con el resto de regiones. Todas ellas presentaban niveles inferiores de dopamina, que se asocia a falta de atención y problemas en el aprendizaje y en la memoria de trabajo.
“No sabemos si la disminución de la dopamina era una condición preexistente o el resultado del consumo de cannabis. Pero la conclusión es que a largo plazo, el consumo de cannabis puede poner en peligro el sistema dopaminérgico, que podría tener una variedad de efectos negativos sobre elaprendizaje y el comportamiento”, comenta Anissa Abi-Dargham, líder del trabajo.
Casi todas nuestras células, en especial las del hígado, están produciendocolesterol constantemente durante toda la vida. ¿Y para qué tanto colesterol? Para una serie de funciones trascendentales. En primer lugar, el colesterol hace que las membranas que rodean las células y los orgánulos celulares sean firmes y no flácidas. No estamos hablando de unas pocas moléculas por aquí y por allí, de hecho, en muchas células, casi la mitad de la membrana se hace a partir de colesterol.
Sin colesterol, nuestras células no serían capaces de comunicarse entre sí o transportar diversas moléculas dentro y fuera de la célula. Cada célula de nuestro cerebro y del resto del sistema nervioso necesita colesterol. La leche materna humana también ofrece una gran cantidad de colesterol; los niños privados de colesterol en la infancia pueden terminar con problemas de visión y cerebrales. También es un componente de la bilis, necesaria para digerir los alimentos que contienen grasas, actuando como emulsionante.
Lo que mucha gente no sabe es que la mayor parte del colesterol de nuestro cuerpo no procede de los alimentos que tomamos. El cuerpo tiene la capacidad de fabricar todo el colesterol necesario para estas diversas funciones. Sin embargo, una dieta que contiene productos de origen animal también suministra colesterol al cuerpo. Y en un esfuerzo por equilibrar estas dos fuentes de colesterol, el propio cuerpo ajusta la cantidad que produce cada día, es decir, cuando comemos más colesterol, el cuerpo produce menos y viceversa con el fin de satisfacer sus necesidades.
Las hormonas sexuales se sintetizan a partir del colesterol, aquéllas responsables de algunos de los cambios más dramáticos que se producen en el cuerpo durante la pubertad, de la reproducción y la lactancia y sí, de que puedas tener relaciones sexuales. Pero ahí no queda la cosa, las hormonas sexuales son tan versátiles que regulan funciones de órganos tan distintos como los pulmones, los huesos o el corazón y además tienen un papel importante en los sistemas nervioso central e inmunitario.
Generalmente se ha asociado al colesterol con enfermedades cardiovasculares. Si bien es verdad, hay que tener en cuenta también la importancia que tiene esta compleja molécula en nuestro metabolismo y, por lo tanto, en nuestra salud.
Según un nuevo estudio liderado por el Consejo de Investigación Médica de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), existen genes que pueden predecir los hitos sexuales del ser humano, tanto la entrada en la pubertad, la precocidad sexual o el número de hijos que tendrá. El descubrimiento ha sido publicado en la revista Nature Genetics.
Existen diversos factores que influyen a la hora de iniciación en las relaciones sexuales como el contexto familiar o la situación socioeconómica, sin embargo, la asociación de estos extremos a los genes es algo nuevo. Estamos ante el primer estudio que relaciona la secuencia genética y la biología concomportamientos sexuales y reproductivos.
Los investigadores examinaron los datos procedentes del ADN de más de 380.000 personas, hallando hasta 38 variaciones genéticas asociadas a comportamientos sexuales y reproductivos, como el inicio de la pubertad o la edad de la primera relación sexual. Todos estos genes, o al menos en su mayoría, estaban implicados en el desarrollo cerebral y neuronal.
“Un ejemplo es una variante genética encontrada en CADM2, un gen que controla la actividad cerebral. Esa variante se ha asociado con una personalidad más proclive a correr riesgos, y también con la precocidad sexual y con un mayor número de hijos”, explican los autores del trabajo.
Edad de iniciación sexual
Los expertos analizaron datos genéticos procedentes del biobanco británico de 59.357 hombres y 66.310 mujeres con edades comprendidas entre los 40 y 69 años (dentro de un estudio de aleatorización mendeliana para determinar relaciones causales) y la media de edad de iniciación sexual fue en ambos casos 18 años. El primer hijo, a los 25 años.
Posteriormente, replicaron los resultados en 241.910 hombres y mujeres de Islandia y en 20.187 mujeres estadounidenses sanas de más de 45 años con antepasados europeos. Las conclusiones revelaron que la edad de iniciación al sexo y la edad del primer parto tenían un componente genético moderado, viéndose influenciadas ambas por el inicio de la pubertad.
“Ahora hemos demostrado que la edad de la pubertad también puede influir a los jóvenes, acelerando la precocidad sexual y empeorando el rendimiento escolar”, afirma Ken Ong, coautor del estudio.
El líquido blanco segregado por las hembras de Homo sapiens contiene más de 200 moléculas diferentes de azúcar, una cifra muy por encima de la media de 30-50 que hay en la de las ratonas o las vacas. El papel de cada uno de estos azúcares y el por qué de su cambiante composición durante el periodo de lactancia materna está por confirmar, pero los científicos piensan que se relaciona con el sistema inmune del niño y el desarrollo de su microbiota intestinal.La leche de las mamás humanas es la leche, a juzgar por un trabajo publicado en la revistaTrends in Biochemical Sciencesque repasa lo que la ciencia sabe de esta sustanciosa sustancia.
La leche materna suele ser el alimento inicial de los recién nacidos, pero muchos de sus azúcares no tienen la misión de nutrirlos a ellos, sino alas bacterias que poblarán el sistema digestivo de los bebés en sus primeros días, esenciales para su supervivencia. Los niños vienen al mundo desprovistos de estos microorganismos, que se reproducen en unas pocas jornadas hasta ser millones y que a la semana del parto son billones.
Según los autores de la investigación, "el primer papel de la leche es favorecer la colonización del sistema digestivo por parte de bacterias específicas capaces de digerir los azúcares que contiene, cosa que no pueden hacer los bebés. Podemos imaginarlo como una siembra en la que la leche es el fertilizante".
Bebe, bebé: es por tu bien
La leche también contribuye a crear y fortalecer el sistema inmune del recién nacido, ya que es rica en anticuerpos y moléculas que ralentizan el crecimiento de las bacterias dañinas y ayuda a la actividad de los glóbulos blancos, las células de la sangre encargadas de defender al organismo de las infecciones.
Las investigaciones revisadas señalan que pasado un mes desde el parto, el niño comienza a desarrollar por sí mismo un sistema inmune. En ese momento, la leche materna cambia y pierde más del 90 % de sus anticuerpos. También cae de forma notable la cantidad de tipos de azúcares que posee, lo que indica que ya no es tan importante seleccionar el alimento para las diferentes especies de bacterias. Sin embargo, aumentan sus grasas y nutrientes, necesarias para el crecimiento del bebé.
En cualquier caso, los científicos indican que la leche materna no es la panacea. Parece cierto que reduce la mortalidad infantil y disminuye el riesgo de infecciones en los recién nacidos, pero no hay suficientes pruebas de sus efectos en el largo plazo. Además, ya hemos comprobado que los humanos pueden crecer sanos y fuertes sin tomarla o ingiriéndola en pequeñas cantidades.